HISTORIA Y EVOLUCION DE LA POLICIA NACIONAL PANAMEÑA

13.01.2014 10:02

UNIVERSIDAD DE PANAMA

CENTRO REGIONAL UNIVERSITARIO DE SAN MIGUELITO

FACULTAD DE HUMANIDADES

ESCUELA DE HISTORIA

 

 

ENSAYO

 

HISTORIA Y EVOLUCION DE LA POLICIA NACIONAL PANAMEÑA

(Su Injerencia en la Vida Política Nacional)

 

 

 

 

 

POR: IVAN A. RICORD B

                        8-123-242

 

Abril 2010

 

INDICE

 

 

 

 

 

ETAPAS EN LA EVOLUCIÓN DEL CUERPO ARMADO NACIONAL

 

Etapa de la Policía Colonial: 1904-1930

 

Etapa de Profesionalización y Politización: 1931-1942

 

Etapa de  Militarización de la Policía Nacional: 1943-1952

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Para reforzar los conocimientos de los estudiantes del curso de Historia de las Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos de la carrera de Publicidad de la Facultad de Comunicación Social, hemos preparado estos apuntes que contienen amplio material sobre la Historia y Evolución de la Policía Nacional Panameña.  Este es un tema que consideramos fundamental para entender la historia nacional y el mismo ha sido  poco  elaborado por los autores nacionales. La Policía Nacional, desde el nacimiento de la República ha estado presente en las deliberaciones de la política nacional.

                                                                            

En un principio como fuerza pública bajo la influencia de los colombianos, luego como apéndice de las fuerzas armadas estadounidenses y más adelante como ente de liberador de los problemas políticos nacionales. En cualquier momento de la historia de la República la fuerzas policiales han participado para bien o para mal en los avatares de la vida pública panameña.

 

Presentamos una clasificación superficial de las etapas por las que ha evolucionado nuestra fuerza pública. Las diversas enfoques de los autores nacionales sobre su papel en el desenvolvimiento de los gobiernos republicanos y su función, en varias ocasiones, como árbitros de los problemas nacionales.

 

En cualquier época de nuestra historia debemos tener presente a la Policía y sus dirigentes porque ambos, de cualquier manera han tenido que ver con el destino de los problemas republicanos.

 

 

 

ETAPAS EN LA EVOLUCIÓN DEL CUERPO ARMADO NACIONAL

 

Etapa de la Policía Colonial: 1904-1930:

 

Durante la última etapa de la  vigencia de la dominación colombiana en el istmo de Panamá, la situación política y económica se debatió entre fuerzas sociales que proponían el centralismo y la que apostaban por el federalismo. Esa realidad de luchas entre caudillos, dirigidas desde fuera, no encontraron la necesidad de estructurar una organización militar autónoma, que nos condujera a la formación efectiva de un Estado Nacional.

 

La inserción del Istmo en el sistema económico capitalista  mundial  mediante la revolución del transporte (construcción del ferrocarril de Panamá a partir de 1850) produce cambios importantes que permiten  la penetración de la emergente  potencia estadounidense en los asuntos istmeños.   La expansión del comercio mundial, pone a los Estados Unidos en condiciones de desarrollar una política de intervención en los asuntos de Latinoamérica. El proceso de consolidación del capitalismo en los Estados Unidos, los llevará a un proceso de expansión territorial y de dominación política.                                                                                   

 

La entronización legal en Panamá de los intereses de los Estados Unidos mediante el  Tratado Mallarino –Bidlack, significa la pérdida paulatina del derecho de los istmeños a darse su propia seguridad.  El ejército estadounidense, gracias a los acuerdos contractuales con la Nueva Granada, adquiere la facultad de garantizar “positiva y eficazmente a la Nueva Granada la perpetúa neutralidad del Istmo, y a la vez garantizan los derechos de soberanía y propiedad que la Nueva Granada tiene y posee sobre dicho territorio”.  La Nueva Granada, en efecto, da los pasos preliminares para permitir la legalización de la injerencia extranjera en los asuntos internos de Panamá.

El ejército neogranadino, a pesar  que mantenía una guarnición estacionada en el Istmo, [1] no muestra mayor preocupación por la seguridad del Departamento. Tanto sus intereses como los de la potencia imperial,  están asegurados mediante los acuerdos estratégicos de 1846.

 

Las luchas políticas internas derivadas de los conflictos revolucionarios que degeneraron en la guerra civil entre liberales y conservadores de finales del siglo XIX, traen al Istmo el desasosiego y la intranquilidad. Panamá se debate en una encrucijada entre un ejército extranjero comandado por los conservadores  en el poder y fuerzas revolucionarias irregulares,  dirigidas por los liberales istmeños.

 

La prolongada contienda interna,  denominada Guerra de los Mil Días, trasladada a Panamá desde el Cauca colombiano, tiene un significativo grado de implicación en la historia militar del Istmo de Panamá. La cantidad y calidad de los cuadros militares que se forman en el transcurso del conflicto demuestran que los panameños, especialmente liberales, se habían adentrado en el conocimiento del arte de la guerra. Istmeños  de diversas procedencias sociales, adquirieron experiencias militares tanto de la guerra convencional, como de las luchas irregulares o guerra de guerrillas.

 

Una importante cantidad de campesinos y hombres de la urbe citadina, adquirieron experiencia militar y se mantuvieron en reserva prestos a la lucha armada, siempre y cuando los dirigentes políticos- militares, con quienes se codearon durante la guerra civil, los llamaran  al campo de batalla. Esto significa que, para  los auténticos dirigentes liberales istmeños, opuestos a la dominación estadounidense en Panamá y quienes se sintieron traicionados   por  el Tratado de Wisconsin,  que puso fin a la guerra civil,  no les era difícil constituir un ejército nacional de liberación.  Como es lógico, esta situación, a todas luces imaginaria,  hubiera variado las condiciones políticas, económicas y morales en que se da nuestra separación de Colombia en 1903.

 

El ejército nacional,  finalmente es desintegrado por presión de las fuerzas interventoras. Huertas  debe renunciar por sugerencia de las fuerzas estadounidenses. [2]

 

Esteban Huertas,   un militar  forjado en la Guerra y cuya decisión de apoyar el movimiento separatista fue fundamental para el nacimiento de la República es, de alguna manera,  desfigurado por la historiografía estadounidense.[3]

 

Una carta  enviada por Huertas al Presidente Amador  (ver Panamá América del 14 de julio de 1974)  en términos poco comedidos,  manifiesta que su salida del ejército fue dictada por designios “foráneos e interesados”, calificándola además, de una “imposición extraña”. La carta hace una serie de consideraciones políticas sobre la presión procedente de las autoridades estadounidenses para desmantelar el ejército panameño. El Ministro John Barret (Embajador estadounidense), induce a  Amador a  aceptar la renuncia y a jubilar a Huertas, y a  no ceder de ninguna manera ante  sus “pretensiones insurreccionales”.

 

“El Ministro Barret  regresó a Panamá…y se encargó del asunto con mano fuerte. Enseguida, visitó a Amador para presentarle sus respetos y para escuchar su opinión sobre la situación .Amador explicó que la crisis tenía que terminar con la jubilación, renuncia o licencia  de Huertas. Sugirió que Panamá se beneficiaría al suprimir el ejército, y le pidió a Barret hacer los arreglos para retener un buque de guerra hasta que se resolvieran las dificultades. Al ser interrogado por Amador sobre cómo tratar al General rebelde y al ejército, Barret le aconsejó obligar a Huertas a renunciar, y disolver el ejército.” [4]

 

Por recomendación del Ministro estadounidense en Panamá, John Barret, el ejército panameño debía reintegrarse en una guardia rural y sus miembros sólo deberían portar revólveres. Creía que la importación y posesión de armas de fuego debería prohibirse, y recomendó que Panamá almacenara sus armas y municiones en la Zona del Canal. Así se cumplió. El gobierno nacional adscribió  la Comandancia General del Ejército a la Secretaría de Gobierno y Relaciones Exteriores a partir de noviembre de 1904.

 

En esta circunstancia, la existencia del ejército se constituía en un obstáculo frente a la lógica del imperio. Es sabido que en el ejército heredado de los colombianos existía un inveterado antinorteamericanismo que era producto de las constantes intromisiones y abusos estadounidenses en el Istmo, durante la parte final del siglo XIX. Además, como hemos dicho antes, había una rica experiencia  político militar y una vasta tradición  revolucionaria entre los componentes militares istmeños, lograda durante la Guerra de los Mil Días. Era un riesgo al cual las fuerzas intervencionistas estadounidenses rechazaban enfrentar. La defenestración del ejército panameño fue una medida de seguridad y de negación del derecho de erigir un estado nacional autónomo.

 

Pero Barret y los estadounidenses eran conscientes que la abolición del ejército panameño no significaba el fin de las tendencias revolucionarias en el Istmo. Las experiencias abusivas del imperio norteamericano en Panamá no les permitía confiar en que la neutralización de Huertas fuera suficiente para imponer a su antojo las políticas hegemónicas en la recién nacida República. Ya lo decía el Ministro,  el 13 de diciembre en carta al Secretario de Estado  John Hay: “No creo que haya más problemas en Panamá; pero debe recordarse que las masas están entrenadas y experimentadas en toda clases de motines, agitaciones y desórdenes populares, y  alguna ocasión se puede hacer gran daño si no hay una fuerza, como una compañía de marinos convenientemente en Ancón”.[5]

 

“Nace entonces un cuerpo policial cooptado, constituido en un ente instrumental subordinado y disciplinado al poder colonial del estado y al servicio de las clases hegemónicas locales. Esa supeditación lo incapacita para constituirse en poder mediador del aparato coercitivo del Estado y para mantener el orden público que es decantado por el fortalecimiento de las luchas nacionalistas del periodo 1904-1930.”[6]

 

El Ministro estadounidense pidió que se estableciera una compañía de marinos permanentemente en Ancón en lugar de Emperador. Así, las fuerzas militares de la Zona del Canal estarían más cerca de la Ciudad de Panamá para ser eficaces en sofocar desórdenes  o intentos de insurrección. Estas fuerzas, decía, “aunque no participen para preservar el orden mantendrán la tranquilidad o protegerá la propiedad.” Luego de licenciar a los miembros del ejército nacional, para cuya aceptación, por parte de los soldados tuvo que mediar una amenaza del Ministro estadounidense, desaparece oficialmente la institución militar.

 

Como consecuencia lógica,  la extrema sujeción de la naciente República al poder emergente de los Estados Unidos,   la Policía Nacional, luego de la eliminación del Ejército en noviembre de 1904, se convierte en una de las Instituciones más dependientes del tutelaje estadounidense.  Previamente, el Tratado del Canal de 1903 y la Constitución de 1904, habían cercenado toda participación de la Policía en los asuntos inherentes a la seguridad nacional y al orden público. Era una policía supeditada al poder colonial  que debió  afrontar la indigna  imposición de que un ejército extranjero le correspondiera controlar el orden público interno. Previamente, La Convención Istmica de 1903[7] y la Constitución de 1904 habían otorgado a los Estados Unidos, el derecho a intervenir en los nuestros asuntos internos.

 

“Un año después de consumada la independencia se dictó por motivos de seguridad pública el decreto 194 de diciembre de 1904 por el cual se elevó el cuerpo de Policía Nacional a setecientas plazas…Por considerarse este número insuficiente se expidió el Decreto Número 56, de 23 de marzo de 1905 aumentando el personal en sesenta plazas más,…Este era el total que componía la fuerza pública efectiva del país en los inicios del año 1905.”[8]

 

         Aunque la Policía mantenía formalmente un Comandante Civil designado por el Presidente, en realidad quien la dirigía era el Inspector General recomendado  por los Estados Unidos y contratado por el gobierno nacional.  Este asesor o Inspector poseía un rol hegemónico en el cuerpo armada y   gozaba de gran influencia en las esferas del gobierno nacional. Servía, además, como enlace con el Embajador estadounidense para los asuntos concernientes al orden público. 

 

Samuel B. Davis, George W. Jiménez, Wallis O. Clark y Rubén Varón, sucesivamente,  entre 1904 y 1910 ocuparon el cargo de Inspectores Generales de la Policía Nacional. Pero fue Albert Lamb[9] el que desempeñó la función por mayor tiempo. Contratado en 1917, se mantuvo como Inspector hasta 1927 cuando el gobierno nacional, incómodo por el control norteamericano del único organismo de seguridad del país, abolió el cargo.

 

Opacada por la injerencia estadounidense,  la Policía Nacional desempeñó un papel insignificante y muchas veces, denigrante en la vida política panameña entre 1904 y 1930. Durante dicho periodo, el rol de árbitro en la  política nacional lo viene a ejercer el ejército estadounidense. Su papel se redujo a sofocar reyertas ciudadanas y servir de brazo armado a los partidos políticos de las  clases gobernantes para,  periódicamente, lograr algunas ventajas electorales.

 

Es importante señalar aquí, que los hombres que formaban el cuerpo de policía, en su mayoría, procedían de las clases populares urbanas. Por su condición humilde y bajos niveles de educación, eran constantemente vejados por los soldados zoneítas.

 

Sin embargo, la Policía panameña nunca aceptó mansamente la arrogancia estadounidense y los abusos que estos cometían flagrantemente en las calles citadinas. Constantemente soldados y marinos descendía a las ciudades  panameñas como bandas desenfrenadas de piratas,   actitudes que eran recibidas con repugnancia por la población y por la Policía. Ocurrían frecuentes desórdenes callejeros, provocados por militares estadounidenses en las ciudades de Panamá y Colón.[10] Las autoridades de la Zona del Canal siempre acusaron a la policía panameña de ser ignorante y de actuar con  mala voluntad,  exigiendo que se les brindara protección y seguridad a sus soldados.

 

 

 

 

 

 

Cuadro No.1

 

Algunas Cifras de los Integrantes  de la Fuerza Pública Entre 1904-1918.

 

1904…………700      plazas

1905…………760      plazas.

1910…………1098    plazas

1913………….972     plazas

1915………….1146   plazas

1918…….……978     plazas

 

Fuente: Arosemena González, Carlos … El Cuerpo de Policía Nacional, 1903-1953 . Imprenta La Academia, Panamá 1953.

 

 

        

Otros incidentes como el escenificado en el  barrio de tolerancia de Cocoa Grove  siguieron ocurriendo entre 1914 y 1916. La rivalidad entre policías panameños y soldados acantonados en el canal era  notoria. Siempre quedaba en evidencia la inconformidad de la policía por la actitud prepotente de los soldados y se demostraba algún   sentido de defensa de los intereses de los nacionales por parte de los policías panameños..,  “al terminar un juego de béisbol en el sector atlántico del Istmo al que asistieron alrededor de 1.200 soldados estadounidenses, uno de ellos golpeó con una varita a un policía panameño. Aunque no se puede afirmar que el golpe fue intencional, lo cierto es que el policía devolvió el golpe recibido, lo que dio lugar a otra encarnizada riña que se extendió a casi toda la ciudad de Colón, entre panameños y 1.500 norteamericanos aproximadamente. Un oficial y siete agentes de policía resultaron heridos por el lado de los panameños. Por el de los norteamericanos un cabo del ejército fue muerto y tres resultaron heridos.[11]

 

         Los  norteamericanos ordenaron el desarme total de la Policía Nacional, el 15 de octubre de 1915  acogiéndose a una interpretación unilateral de la Cláusula VII de la Convención Istmica de 1903. . El gobierno panameño no estuvo de acuerdo con dicha interpretación y presentó reclamos diplomáticos ante el gobierno estadounidense. El Ministro de los Estados Unidos,  William Price y el Secretario de Exteriores de Panamá, Ernesto T. Lefevre se enfrentan en profundas diferencias diplomáticas. Lefevre, trata  de alguna manera,   que la República no sea devorada por la mentalidad colonialista de Price.                                            

 

Finalmente, Price envía a nuestra cancillería un verdadero ultimátum exigiendo en forma perentoria el desarme de la Policía Nacional, el 9 de mayo de 1916 en las ciudades de Panamá y Colón y el almacenamiento de sus armas en la Zona del Canal. Aún más, el Ministro estadounidense, sintiéndose una especie de procónsul, indicó el tipo de armas que ellos aceptaban que se usaran en la Presidencia de la República y en las cárceles. Y como si no fuera suficiente, en una conferencia que tuvo con el canciller Lefevre, le expresó que nuestro país no requería una Policía armada, por cuanto el gobierno estadounidense sofocaría inmediatamente cualquier disturbio que ocurriera. En nota  de protesta enviada por el Secretario de Relaciones Exteriores de Panamá, Ernesto T. Lefevre al Ministro Price  dice: “ En efecto, siendo Panamá una nación soberana e independiente, el Gobierno de los estados unidos no tiene derecho para decidir, si este país puede o no tener una fuerza nacional armada de rifles de largo alcance. El decidir tal punto es una cuestión de política interna del país… Mi gobierno considera ofensiva para la dignidad nacional la solicitud de desarme de nuestro Cuerpo de Policía en las ciudades de Panamá y Colón…” [12]

 

La intromisión de las autoridades estadounidenses en los asuntos panameños, se completó cuando los estadounidenses sugieren  al Gobierno Nacional el nombramiento de un Comisionado  de Policía norteamericano, con plenos poderes para controlar, instruir y supervisar a la institución armada, responsable solo ante el Presidente de la República. El mencionado Albert Lamb fue designado para ese cargo. Al mismo tiempo se sugirió el nombramiento de un agente fiscal norteamericano para la República de Panamá. Lamb, [13] que no era soldado sino Policía  dio inicio a algún nivel de  profesionalización de la Policía panameña y logró el objetivo de las autoridades estadounidenses: controlar desde dentro a la policía y someter e intimidarla  ideológicamente para evitar su beligerancia en asuntos nacionales y por consecuencia, los enfrentamientos callejeros con los soldados estadounidenses.

 

La policía, elemento fundamental en la estructuración del Estado Nacional, fue totalmente desactivada de una de sus funciones  básicas. A diferencia de los demás países latinoamericanos, donde sus fuerzas armadas desempeñan un rol aglutinante en el proceso de formación del estado independiente, en Panamá  surgirá un enclave dependiente que controla no solo la actividad económica sino también lo político. Es notorio que la presencia en extremo dominante de los estadounidenses hace muy lenta la consolidación del Estado Nacional.                                                                                                                        

 

 La intromisión extranjera en las comunes luchas políticas por el poder y la traumatizante actitud estadounidense de controlar el principal recurso económico de la naciente nación, crean un nivel elevado de frustración entre los gestores del movimiento separatista. Las burguesías nacionales latinoamericanas, artífices de sus propios estados y de un  desarrollo autónomo interno apoyaron la creación de ejércitos profesionales que en situaciones de crisis iban a servir de alternativas a los partidos políticos  y a los grupos sociales dominantes. Pero en Panamá,  ese desarrollo de las fuerzas armadas nacionales es imposible por la dominación legal mediante tratados  y de hecho, por la fuerza de las circunstancias por parte de los Estados Unidos.                                  

 

Sin embargo, la Policía panameña que subsiste  al despuntar la década de 1920, no mantiene similares características a la de la década anterior. Una serie de hechos  tanto endógenos como exógenos ocurren en Panamá que afectan las estructuras mismas de las instituciones y desarrollo de la política estatal.                                                                                                               

 

La terminación  de las obras del canal y la consecuente disminución de la oferta monetaria; esto,  acompañado por la escasez de mercancías que provenían del mercado externo,  generaron un proceso inflacionario que encarece el costo de la vida. La finalización de la primera Guerra Mundial,  crea una situación de disminución de los ingresos del fisco. El estado panameño deberá crear nuevas fuentes de empleo para soportar la presión de los obreros cesantes del canal y de las actividades bélicas. Los políticos panameños, muy acostumbrados a la  sumisión y dependencia de las autoridades estadounidenses, deberán ahora, afrontar algunas riesgos por sí solos. Los cerrados grupos oligárquicos   que habían estado entretenidos en disputas de naturaleza personal y sujetos a la bonanza que proveía de la construcción del canal norteamericano, deben ahora empezar a tomar decisiones que satisfagan las necesidades de su población.

 

“En esencia el Partido Liberal o su gama de fracciones unidas en alianzas para los torneos electorales, representaba a la burguesía comercial casateniente o inmobiliaria de la zona de tránsito. Contrariamente, el Partido Conservador o sus fracciones partidarias representaban al gran terrateniente latifundista del campo. Ambas clases, que conforman lo que en el lenguaje popular se denomina la oligarquía panameña, son antinacionales y extranjerizantes; no están  vinculadas a la producción nacional ni al mercado interno”[14].

 

Ante la crisis económica que afecta al país desde principio de los años 20, los grupos que detentan el poder se aferran a la defensa de sus intereses comerciales. Como es natural, aparecerán tendencias contestatarias en el seno de la sociedad panameña. El alza de los impuestos aplicada por el gobierno a los casatenientes degenera en el aumento de los alquileres a los grupos pobres urbanos. Se atizarán los conflictos sociales a los cuales el gobierno de la oligarquía reprimirá con fuerza. La policía enfrentará un nuevo escenario porque tendrá que desempeñar el papel de cuerpo represor de sus conciudadanos.                                 

 

“En febrero de  1925,   la situación se hizo más gravosa para los locatorios con la expedición de la Ley 29 que aumentaba el impuesto sobre los bienes inmuebles, dado que los caseros lo asimilaron, pero trasladaron dicho aumento al importe de los alquileres, con lo cual el problema inquilinario hizo crisis.” [15]. La Policía Nacional reprimía a los inquilinos de los “cuartos de la gente pobre” de  los barrios del Chorrillo, Marañón, San Miguel, El Granillo etc. que agrupados en la Liga de Inquilinos y Subsistencias, organizada a fines de 1924,  decretaron una huelga de no pago de los alquileres”.  Los Jefes policiales para entonces eran connotados miembros de los grupos oligárquicos del país, tales como Ricardo Arango, Archibaldo Boyd; el Alcalde lo era Mario Galindo y  fungían como altos oficiales, Enrique Correa y Joaquín  Alemán.

Es sabido que el débil gobierno de Rodolfo Chiari  invitó a las fuerzas armadas estadounidenses a intervenir en Panamá para sofocar desórdenes provocados por el alza de los precios de la vivienda“Cuando en 1925, por una vez, la policía disolvió por si sola una potente manifestación de arrendatarios de cuartos en huelga de no pago de alquileres, dejando diez muertos sobre el terreno, la reacción que desencadenó puso en peligro todo el sistema…”[16]

 

Como “caldo de cultivo” de la   evolución de la sociedad panameña, surgirán grupos organizados que al igual que la Liga de Inquilinos, manifestaran su inconformidad con el orden de cosas imperantes en el país. Ya se dan señales evidentes de corrupción administrativa, nepotismo y falta de sensibilidad hacia los problemas de los ciudadanos comunes, pero fundamentalmente la inconformidad por el status semicolonial que se acentuaba en la República. Además, sectores excluyentes y grupos de elite de la sociedad se posesionan de las mejores porciones del presupuesto y de la economía  nacional, mientras   la miseria y el desempleo, se apodera de amplios sectores da la población. Acción Comunal, grupo semiclandestino constituido en 1923; formado por gente de los sectores emergentes de las insipientes capas medias y profesionales empiezan a señalar algunas deformaciones en el gobierno y en la sociedad misma.

 

 

Este era el panorama a mediados y finales  de la década de 1920. Florencio Harmodio Arosemena un hombre  incondicional del Presidente  Rodolfo Chiari, candidato oficial  del liberalismo  (chiarista) fue  electo  en 1928 como nuevo mandatario en unas elecciones preñadas de acusaciones de fraudes y de peticiones a los Estados Unidos  para que intervinieran.        

 

 La Policía, en esta coyuntura, por primera vez, hacia las veces de árbitro de la política nacional [17] porque ya manifestaba su apoyo a uno u otro candidato. También reprimía a los grupos que se manifestaban contra la situación imperante. Pero era inevitable,  en el marco de los intereses de los grupos populares que se observara un progresivo resentimiento contra la hegemonía norteamericana y contra la corrupción y el nepotismo de las clases altas. La crisis económica causada por la depresión de 1929 contribuyó a que el gobierno de Florencio Harmodio Arosemena  fuera aislándose paulatinamente de la población.

 

Etapa de Profesionalización y Politización: 1931-1942

 

  La década de 1920 deja huellas interesantes en la historia panameña. Factores internos y extraños intervienen en la conformación de una nueva realidad en Panamá al despuntar el segundo decenio republicano.. Sectores de las capas medias de la sociedad empezaron a tomar posiciones en la actividad política y social del país; una fuerte depresión económica, procedente del norte, se hace sentir intensamente en Panamá.  Los gobernantes de turno se hacen cada vez más insensibles ante las reclamaciones de los grupos emergentes.

 

El 2 de enero de 1931, grupos medianamente armados aglutinados en la organización Acción Comunal, derrocan al Presidente Florencio H. Arosemena. Una reacción inusual procedente de profesionales e intelectuales, educados bajo nuevos esquemas nacionalistas y  anti-intervencionistas.  Manifiestan su   desprecio a la corrupción y al mal gobierno,  y subyace entre sus dirigentes un implícito reclamo de los sectores jóvenes, por espacios para participar en  la dirección del Estado. El denominado movimiento reivindicador,  exigía respeto  y apoyo a todos los ciudadanos del país.

 

El fácil derrocamiento del Presidente  Arosemena, deja en evidencia la debilidad de las fuerzas de seguridad nacional que inveteradamente habían estado  atenidas a la  protección estadounidense. El Estado panameño no se había preocupado por  contar con un organismo armado  eficaz para garantizar su estabilidad política.[18] Pero es que la estrategia de dominación estadounidense hacia Centroamérica y el Caribe  había variado; un nuevo modelo de dominación estaba apareciendo en el escenario geopolítico latinoamericano. Las tradicionales intervenciones directas  se hacían insostenibles por resultar cada vez más impopulares. Sin embargo, la política del Presidente  Roosevelt, no implica el abandono  de la hegemonía en la región, sino un cambio de estrategia para dar una cara nueva al imperialismo y, a su vez, implementar nuevas formas de  vínculos comerciales, con los países del continente y fortaleciendo   el  plan  de seguridad continental.

 

El historiador Pantaleón García, uno de los que más ha estudiado este periodo de la historia panameña, dice que una de las preguntas que se han hecho los historiadores y analistas políticos es por qué los Estados Unidos no intervinieron durante los hechos ocurrido el 2 de enero de 1931. . El Profesor García se contesta: “ya desde los inicios de la década del treinta   (los norteamericanos) habían decidido poner en práctica su política de no intervención. Este fue el inicio de la política del Buen vecino y el no intervenir en los asuntos internos de la América Latina, a menos que las vidas y propiedades de los ciudadanos norteamericanos estuvieran en peligro.”[19]                                                                                                                            

 

         Otra de las razones por las cuales se considera que los Estados Unidos no intervino militarmente parece haber sido que, según opinión del embajador Roy T. Davis no hubo tal “golpe de estado” porque la sucesión Presidencial se produjo de acuerdo a las normas constitucionales de Panamá. Vale decir que el Ministro estadounidense,  Davis participó en forma directa en todas las negociaciones que, con motivo del movimiento insurreccional, tuvieron lugar para definir la sucesión gubernamental en Panamá, incluyendo la petición al Presidente Arosemena para que presentara su renuncia.[20]

 

 

         “En vez de intervenir y abortar el golpe, los soldados norteamericanos se estacionaron en los límites de la Zona del canal y esperaron por si era necesario ingresar a Panamá para proteger la vida y las propiedades de los ciudadanos de los Estados Unidos. Las autoridades de la Zona del Canal habían sido informadas por los insurgentes de que la seguridad del Canal no estaba en peligro. La misión de los Estados Unidos y su Embajador Roy T. Davis, se limitó a mediar en las negociaciones sobre quién sería el reemplazo del Ingeniero Arosemena en la Presidencia de la República. Finalmente, y más importante, la revolución redefinió la situación socioeconómica del país, incorporando a los nacionalistas de la clase media dentro del grupo de políticos panameños. Una vez en el gobierno, usaron la amenaza de la Policía Nacional, reforzada por la asistencia militar y económica de los Estados Unidos para controlar las protestas de la población…” [21]

 

Una opinión un tanto contradictoria la produce Víctor Florencio Goytía, quien era miembro de Acción Comunal y participó en las acciones de 1931. Goytía alega que “Contra lo que pueda suponerse, esta urdimbre complicada se tejió espontáneamente, sin conocimiento ni intervención de los Estados Unidos ni de los propios conjurados, como algunos presumen. Las medidas fueron adoptándose a la marcha de los acontecimientos. La mejor prueba de ello es la anticipación de los hechos para el 2 de enero, cuando no estaban completos los planes ni se habían conseguido las armas para el tipo de operaciones a realizar…La toma de los cuarteles de hizo con veinte revólveres y doce escopetas de diferentes calibres y muy pocas municiones, en tanto la Policía contaba con pistolas, fusiles y armas automáticas para dos millares de hombres.[22]

 

La nueva política estadounidense hacia América Latina se apoyaba ahora en medios más sutiles para asegurarse de un ambiente estable que permitiera el avance sostenido  de sus inversiones. Con una hegemonía  consolidada, se daban el lujo de experimentar nuevas formas de dominación sin comprometerse directamente en los asuntos internos de los países. [23] Pero había quedado en evidencia que los esfuerzos desarrollados en Panamá por

fortalecer a los organismos de seguridad habían fracasado. Los Instructores de Policía recomendados por Washington y nombrados por Panamá no habían tenido éxito en la preparación de un cuerpo de policía idóneo para dar seguridad a la República. El Movimiento de Acción Comunal había puesto de rodillas a los poderes del Estado y puso  en evidencia la debilidad de la Policía Nacional.

 

El alejamiento simulado de los estadounidenses de los quehaceres políticos panameños deja a nuestra policía al frente de los compromisos de ser guardan de la independencia y del orden público. Liberada de este tutelaje, la Policía Nacional encarará un relativo desarrollo autónomo, pero esto implica, como colofón, que quedará sometida a los caprichos de las fuerzas oligárquicas nativas en sus periódicas disputas por el poder político En definitiva, a esta altura de nuestro desarrollo histórico, la Policía viene a convertirse en el brazo armado de los gobiernos oligárquicos y de las clases dominantes. A lo largo de un periodo importante, que ubicamos a partir de 1932,  se le va  imprimiendo cierto nivel de profesionalización[24]  para que sirva a intereses muy específicos dentro del ámbito nacional. Galileo Solís, Ministro de Gobierno durante la administración del Presidente Harmodio Arias, de alguna manera definía a la fuerza pública como: “un recurso de hecho capaz de ejecutarse con violencia ineludible, y el cual no debe tener otra aplicación que el de servir de respaldo al Gobierno para el mantenimiento del orden público cuando ese mantenimiento es necesario obtenerlo por vía de hecho.” 

 

         La policía, prácticamente desmantelada a raíz de los sucesos de 1931, requiere ahora una reorganización urgente. Surgirá una tendencia notoria hacia su profesionalización, pero a la vez, estará sujeta ahora más que nunca a los avatares de la política criolla. Los políticos panameños perciben que necesitan una Policía fuerte y efectiva para impedir que el mandatario de turno pierda el poder. Se inicia, entonces, el esfuerzo por dar garantía al estado de un organismo de seguridad eficiente  La profesionalización de la policía se constituye en una tarea ineludible para las clases dominantes. Su brazo armado lo será una policía con algún nivel de profesionalismo, pero igualmente, con un aceptable nivel de beligerancia  en la arena política nacional.

 

Los  procesos de profesionalización y  politización [25] de los  cuerpos armados en América Latina, no siempre se dieron en momentos y condiciones similares en todos los países.  La República de Panamá, con un significativo retraso en la formación del Estado Nacional, respecto a las demás naciones del continente, el proceso de profesionalización de nuestro cuerpo armado se va a producir tardíamente, al inicio de la década de 1930. El absoluto control  estadounidense sobre  los mecanismos de defensa y  seguridad nacional establecidos por los Tratados del Canal, retardó cualquier desarrollo profesional y político de la Policía Nacional. . Por lo tanto, solo cuando  los acuerdos Arias-Roosevelt  de 1936, entran en vigencia, la Policía podrá poner en práctica su desarrollo profesional.

 

Alguna conceptualización sobre el tema de la profesionalización y politización de los cuerpos armados latinoamericanos aparece en el capítulo segundo de este trabajo.

 

         Consolidado en el Poder dentro de la Policía, el Presidente Harmodio Arias, inició un programa de modernización del cuerpo armado,  que lo condujera a suplantar con efectividad el vacío dejado por los soldados estadounidenses. Rearmó a la Policía con armas de grueso calibre que habían sido confiscadas por los estadounidenses en 1916. José Antonio Remón Cantera acaba de entrar a la Policía como Capitán y es asignado al Cuartel central de la Ciudad de Panamá y, el Presidente le encomienda la tarea de reorganización para mejorar el profesionalismo de la institución.  “Más allá de comentar el status de Remón como prominente oficial de la Policía Nacional, esas medidas tomadas por él para mejorar el profesionalismo de la Policía, constantemente alteró la función de la Policía en el Istmo de Panamá. Además de convertirse en un vehículo de movilidad social para el selecto grupo de panameños pobres de la ciudad, la nueva imagen de la Policía les dio a sus comandantes un gran poder en la toma de decisiones en los círculos civiles. Bajo la Presidencia de Harmodio Arias, la Policía Nacional comenzó a aparecer como una alternativa a la Presidencia en la búsqueda de dinero y poder en el Istmo, un proceso que llega a su punto culminante a finales de los cuarenta, cuando el primer Comandante Remón quitaba y ponía Presidentes en la República de Panamá”. [26]

 

Advertimos una relativa diferencia entre la concepción que poseía Remón sobre el papel de la Policía Nacional y la función que le pretendían asignar los grupos políticos que detentaron  el poder a partir de 1931. Con una visión más amplia sobre el Estado Nacional; entendiendo la necesidad de reivindicaciones nacionales para lograr la total independencia del país, Remón, en principio, y quizás imbuido por las inquietudes juveniles, pretendió implantar un matiz nacionalista en un cuerpo, constantemente humillado y dependiente del control colonial norteamericano.                                                         

 

 El Capitán Remón, [27] como oficial de mayor rango militar en el Cuerpo, libre de las presiones políticas a que estaban sometidos los Jefes no militares, se entrega a la tarea de reestructurarlo. Los amigos y partidarios de los gobernantes dirigían nominalmente al cuerpo armado, pero era Remón quien dictaba las pautas en cuanto a disciplina militar, sentido de identidad y espíritu corporativo. Intervenía directamente en la  formación de oficiales, a la consecución de armamentos,   equipos modernos y el entrenamiento adecuado para la tropa.

 

Pero los intentos de profesionalización de la Policía emprendidos, por el Capitán Remón, son constantemente limitados por las  disputa partidistas y electorales a que se ve sometida la Policía por las clases dominantes panameñas. En la medida en que el propio Remón se integra y participa  del  disfrute de las “mieles” del poder, la Policía Nacional, a la vez, va quedando inmersa en los conflictos por el poder político.                              

 

Vale la pena anotar que durante el periodo previo a las elecciones presidenciales de 1936, y especialmente, durante el proceso de selección del candidato oficial, ocurren profundas disputas partidistas por la sucesión del Presidente Harmodio Arias. Incluso, los propios  oficiales del cuerpo de Policía quedaron inmersos en las contradicciones partidistas. Por ejemplo,  el Partido Liberal Doctrinario del Presidente Harmodio Arias se disloca en varias facciones,  cada una de las cuales defiende intereses sobre la selección del  candidato del gobierno. Aurelio Guardia, cuñado del Presidente,  que ocupaba la Comandancia de la Policía Nacional, entra en conflicto con el Secretario de Gobierno y Justicia, Galileo Solís [28] y es relevado del cargo.                                                                                                                           

 

Se produce una crisis en el Gobierno y el propio Presidente asume el control de la Policía Nacional. Parece que tanto Guardia como algunos oficiales de la Policía tenían sus preferencias políticas en la selección de la candidatura gobiernista, las cuales no coincidían con las preferencias del Presidente.  El Comandante Guardia favorecía la candidatura de Octavio Méndez Pereira,  mientras que el Coronel Remón patrocinaba la de Domingo Díaz Arosemena.

 

La profunda crisis política generada por las disputas de las candidaturas alcanza a la Policía y produce el relevo del Comandante Guardia generándose una pugna entre los principales oficiales del cuerpo armado. Los Capitanes José Antonio Remón, Nicolás Ardito Barletta y Abel Quintero son dados de baja en julio de 1935.  Manuel Pino ex gobernador de la Provincia de  Chiriquí es designado como nuevo Comandante.

 

Quizás, la crisis de 1935 le dará el verdadero sentido a una nueva Policía Nacional que ahora pasa a ser deliberante en   los asuntos del Estado.   Un tanto libre de las ataduras coloniales, pero supeditada a los caprichos de los políticos.  La politización del organismo armado ha sido puesta en ejecución, finalmente,  el Presidente Harmodio Arias impone su propio candidato y próximo Presidente,  en la persona de Juan Demóstenes Arosemena, utilizando todos los medios a su alcance, incluyendo la manipulación de  la Policía Nacional.  Al asumir el cargo, el  Presidente Arosemena decreta un aumento de sueldos  e instituye el Día del Policía. El Presidente fallece en el poder en diciembre de 1939 y le corresponde reemplazarlo a Augusto Samuel Boyd, quien gobernó los nueve meses “turbulentos”, previos a las elecciones de 1940.

 

El año de 1936, como hemos señalado antes,  marca un hito en el desarrollo de la institucionalidad de la Policía panameña. En esta fecha se produce la firma del Tratado Arias-Roosevelt (Tratado General de Amistad y Cooperación) que abroga las estipulaciones de la Convención Ístmica de 1903 en cuanto a los derechos estadounidenses de garantizar nuestra independencia, y a su vez, la  autoridad para intervenir,  para mantener el orden público. La coyuntura se presenta como la oportunidad para el cuerpo armado de recuperar su función de único garante de la soberanía de la República, De allí el impulso para profesionalizar la Policía. Las bases estructuradas  por Remón,  antes de su salida del cuerpo, ahora se vislumbran como elementos de desarrollo institucional.

 

En las elecciones de 1940,  la Policía participa activamente en las acciones partidarias. Disuelve manifestaciones, persigue a candidatos y reprime a quienes se oponen al gobierno de turno. Ricardo J. Alfaro es obligado a renunciar por la parcialidad del gobierno y de la Policía Nacional a favor del candidato oficial. Arnulfo Arias gana la Presidencia sin oposición en 1940,  mientras quienes pertenecen a los partidos opositores tienen que ocultarse debido a   la represión policial.

 

Cumpliendo una función propiamente política,  la Policía Nacional, por intermedio de sus dirigentes, delibera sobre la situación nacional y toma partido en la coyuntura electoral de finales de la década. Figuras prominentes del cuerpo armado desempeñan tareas proselitistas en forma beligerante.

Remón reingresa al cuerpo armado en 1940, durante el gobierno interino de Augusto Samuel Boyd, participando activamente  en la represión contra el candidato opositor Ricardo J. Alfaro.  Cuando Arnulfo Arias asume la Presidencia,  lo envía a cursos de Perfeccionamiento en Estados Unidos. Aparentemente, a pesar de que Remón se había destacado en la tarea de represión contra los contendientes de Arnulfo Arias, durante la campaña electoral de 1940, el nuevo Presidente que asume el 1 de octubre de 1940, no le tenía suficiente confianza al Coronel.                                                                                                       

 

Arias designa a un oficial guatemalteco,  Fernando Gómez Ayau,  como Jefe de la Policía Nacional. Arnulfo Arias  es derrocado en 0ctubre de 1941 y Ricardo Adolfo de la Guardia, antiguo Ministro de Gobierno de Arias, asume como  nuevo Presidente de la República. De La Guardia  nombra a Rogelio Fábrega como Comandante. Remón es nombrado Segundo Jefe del cuerpo armado en 16 de octubre de 1941. [29]  Todo parece indicar  que el golpe de estado gestado contra Arnulfo Arias se realizó con el respaldo y conocimiento  pleno de Remón y de la Fuerzas Armadas norteamericanas. No fue casual que,  Alejandro Remón Cantera, hermano del Capitán,  fuera  designado  como Edecán del Presidente De La Guardia.

 

Los acontecimientos descritos son claves para entender la toma de conciencia de los oficiales del cuerpo armado como instrumento de poder político y económico. La Policía, ahora plena y abiertamente, inicia su actuación como poder arbitral de los acontecimientos políticos del país. Comenzará la formación de una casta de oficiales que, generalmente, estará identificada con los intereses de los grupos oligárquicos. Ambos, la cúpula civil de la oligarquía y los dirigentes del cuerpo armado, comprenden que el control del poder gubernamental  les garantiza la dominación económica del país.

 

La llamada democracia panameña estará manipulada por las fuerzas oscuras que desde el Palacio Presidencial y desde el Cuartel Central manejan los hilos del poder. Las

elecciones constituyen verdaderas farsas, caracterizadas por la manipulación de la población en función de los intereses de los partidos políticos quienes, a su vez constituyen cuasi sociedades anónimas al servicio de los grupos familiares que dominan el poder.

 

La profesionalización va de la mano de la politización de la Policía. Ambos elementos forman parte de la nueva concepción del Estado panameño que requiere de una institución armada y  segura; que sea garantía del desarrollo de la dominación oligárquica, en un Estado netamente clasista. Ambos sectores, el civil y el militar coinciden en la defensa de sus intereses.  Lo que queda por reconocer es que este Estado clasista, que es producto de la coincidencia de intereses, como hemos planteado, es a la vez un avance objetivo en la consolidación de nuestra independencia. Un Estado en el que sus fuerzas armadas adquieren alguna conciencia política y demuestran un nivel evolucionado de profesionalización es,  paradójicamente, un Estado que da un paso adelante hacia su independencia política.[30]

 

Pero la incorporación de los Estados Unidos al escenario de guerra en Europa, varía un tanto, el panorama autonomista que Remón había estado gestando entre 1931 y 1936 en la institución armada. Hemos sostenido que, en alguna forma la organización y disciplina que Remón intenta imponer en la Policía Nacional, a partir de su ingreso,  se podía inscribir dentro del cuadro de reivindicaciones que estaban inconclusas en la formación del Estado panameño. Desde 1903 se había planteado un estado intervenido y protegido por las fuerzas armadas norteamericanas. La reconstitución de un ejército nacional, quizás, inducida por Remón, trataría de completar la fuerza coercitiva que le era indispensable a un verdadero  Estado Nacional.  Sin embargo, el ascenso al poder de Ricardo Adolfo de la,  luego del derrocamiento de Arnulfo Arias, involucran  a la República de Panamá y  a sus fuerzas armadas,  en la vorágine de guerra estadounidense.

 

Con el Coronel Remón como Segundo Comandante, la Policía, plenamente identificada con los intereses de los aliados de Washington en la guerra europea, se  integra a la dirección del estado oligárquico-imperial-militarista.  Las fuerzas armadas acantonadas en la Zona del Canal suplirán efectivamente a las necesidades armamentistas y de logística de la Policía de Remón. Surge una nueva realidad en el escenario político en Panamá.  Los convenios que otorgarán territorio en el país para construcción de bases militares estadounidenses, estarán en la mesa de negociación. Ricardo Adolfo de la Guardia, dócil a los mandatos del norte, negocia el Convenio de Bases  de 1942.

 

Acompañando a este proceso de dominación estratégica imperial en Panamá, las fuerzas armadas internas también se preparan para reprimir a los grupos disidentes que no aceptan que su territorio sea mancillado por fuerzas extrañas. La militarización y la represión remonista se ponen  en marcha.

 

 

 

Etapa de  Militarización de la Policía Nacional: 1943-1952.

 

La verdadera militarización de la Policía se empieza a gestar  con Remón,  cuando es designado como Segundo Comandante durante el Gobierno de Ricardo Adolfo de la Guardia en 1941.  Pero, a nuestro entender, es  a partir del año de 1943 cuando se da en plenitud la militarización   del cuerpo policial panameño.

 

En este proceso emergente, del fortalecimiento de la fuerza armada, juega un papel preponderante la Segunda Guerra Mundial en la que los Estados Unidos se habían comprometido ya,  en forma decisiva.  El 8 de diciembre de 1941, Panamá  había declarado la Guerra al Japón organizándose inmediatamente la Junta de Milicia Nacional.          

 

Desde 1941, los Estados Unidos habían empezado una avanzada ideológica militar en América La tina contra la influencia de las  potencias del eje Berlín-Roma -Tokio. Sin ambigüedades de ninguna especie, los dirigentes estadounidenses diseñaron planes que abiertamente tendían a la subordinación de las instituciones militares latinoamericanas.

 

En mayo de 1941, un comité del ejército norteamericano destinó 400 millones de dólares para equipar con nuevos armamentos a los ejércitos  de las naciones americanas. Mediante la Ley de Préstamos y Arriendos (Lend-Leasi Bill) se equipa con nuevos armamentos a las naciones latinoamericanas. Los más favorecidos serían Brasil (100 millones, Chile (50 millones) y Perú (20 millones). Se dictó además, una Ley sobre excedentes de material de guerra (Surplus War Property Act) que disponía que los Estados Unidos podían vender armas sobrantes o dadas de baja por sus cuerpos militares, a los arsenales latinoamericanos.                                                                                         

 

Hernán Ramírez Necochea, autor chileno sostiene que: “con estas y otras medidas los Estados Unidos iniciaron sus persistentes y sistemáticos esfuerzos por erigir un sistema militar interamericano en que quedaron insertas las Fuerzas Armadas de cada país y en que éstas sirvieron de manera principal a los móviles políticos y económicos del imperialismo…Es decir, sin ambigüedades de ninguna especie, los dirigentes norteamericanos bosquejaron planes que abiertamente tendían a la total subordinación de las instituciones militares latinoamericanas. Esta subordinación proyectada, aparecía provista de connotaciones técnico –militares, políticas e ideológicas surgidas del conjunto de los intereses políticos y económicos que servían de fundamento a la acción de los gobernantes de Washington.”[31]

 

No obstante, la República de Panamá no fue  una de las naciones más favorecidas  por  el trasiego de excedentes  militares de los estados unidos hacia América latina. Sin embargo, la presencia abrumadora de las fuerzas militares estadounidenses acantonadas en la Zona del canal, determinaba la abrupta militarización de nuestro país. El Convenio de Bases, firmado en 1942 con los Estados Unidos, otorgó 15 mil hectáreas de tierras para establecer sitios militares durante la Segunda Guerra,  las cuales se establecieron fuerzas militares de ese país.

 

El Profesor Pantaleón García al referirse a esta coyuntura bélica americana anota lo siguiente: “ La necesidad de construir bases a lo largo del hemisferio se hizo más urgente durante la segunda mitad de 1940, cuando se pensaba que Hitler estaba preparando una invasión a Brasil y Norteamérica, se  temía un ataque al Canal de Panamá por parte de los japoneses…De lo expuesto hasta aquí se colige que mucho antes de  que se diese inicio al segundo conflicto bélico mundial, los Estados Unidos estaba pensando en la formación de una alianza militar americana…La presencia cada vez mayor de los militares norteamericanos en la región de la América Latina marcó el inicio del militarismo en nuestro continente.” [32]

 

En 1942, en su Memoria del Ministerio de Gobierno y Justicia. El Ministro Camilo                                                                                                                                                                        

de la Guardia, manifestaba “ Manteniendo a la Policía Nacional como un organismo militarizado, se ha logrado formar un cuerpo distinguido, cuyos componentes cumplen con su doble función de agentes del orden y soldados de la República con el mayor sentido de responsabilidad, consecuencia precisamente de la instrucción militar moderna, que comprende la disciplina mental y física del individuo”.[33]

 

Para entender con claridad como se refleja en el organismo estatal nacional este proceso de militarización policial, observamos la evolución del presupuesto del Estado durante el periodo señalado.  Así, el presupuesto de la institución armada  aumentó significativamente de 537,678 balboas al finalizar el último semestre de 1940 a 2,687.737 balboas durante el periodo fiscal 1941-1942  y 3,066.040 al inicio del periodo 1943-1944. (ver cuadro) Se incrementó ligeramente el salario de los agentes y se organizó un cuerpo de antimotines, se forman pelotones de infantería, se  artilla el Cuartel Central. Aún sin ser Comandante Primer Jefe, Remón  adquiere un gran poder que lo conducirá a estar siempre detrás de todo accionar de la política panameña. Su tarea dentro de la Policía, siempre, estará dirigida a militarizar el cuerpo armado. [34]

 

La evidente  erosión del presupuesto nacional por parte de las actividades dedicadas a fortalecer el escenario militar y represivo, despierta suspicacia entre los grupos civiles que luchan por sobrevivir en un país profundamente segregado por los grupos oligárquicos.

Precisamente en 1943, se celebra el Primer Congreso de la Juventud Panameña (del que surgirá la Federación de estudiantes de Panamá y más adelante, el frente Patriótico de la Juventud). Las   organizaciones emergentes  policlasistas no comprometidas con alguna tendencia política  exigen,  al  igual que lo había hecho Acción Comunal en su momento,  el adecentamiento de las funciones públicas y la apertura democrática a todos los sectores de la vida nacional.                                                                                                                                                                     

 

 

 

 

Cuadro No. 2

 

Evolución del Presupuesto del Ministerio de Gobierno y Justicia

(incluida la Policía Nacional)

 

Década de 1940

 

Bienio 1939-1940   (2 años)                                        B/.   4.200.000.00

Bienio 1941-1942   (2 años)                                        B/.   7.112.539.00

Bienio 1943-1944   (2 años)                                        B/.   8.397,606.00

Julio 1945 a Junio de 1946                                        B/.   5.749,731.16

Enero a dic. 1947  (1 año)                                          B/.   6.404,468.35

Enero a dic. 1948  (1 año)                                          B/.   6.574.927.12

Enero a dic. 1949   (1 año)                                         B/.   6.162,743.17

 

 

Presupuestos de la Policía Nacional

 

Bienio   1939-1940                                                      B/.  2.687,737.00

Bienio   1941-1942                                                      B/.  3.601,269.00

Bienio   1943-1944                                                      B/.  4.004,280.00

 

 

 

 

Salarios

 

                                              Coronel-Comandante                      Agente de 1ª.

 

1941-1942                                        B/. 400.00                                B/.  65.00

1943-1944                                        B/. 400.00                                B/.  65.00

1945                                                 B/. 500.00                                B/.  75.00

1946                                                 B/. 500.00                                B/.  75.00

1948                                                 B/. 500.00                                B/.  75.00

 

 

Fuente: Presupuesto de Rentas y Gastos de la República de Panamá. Imprenta Nacional. Panamá. Biblioteca de la Contraloría General de la República.

 

La propia Federación de Estudiantes se plantea en sus normas estatutarias su  carácter laico, antioligárquico, antiimperialista y antimilitarista. Evidentemente, los grupos contestatarios de momento, observan peligroso el encumbramiento militar del cuerpo armado y de sus dirigentes más conspicuos. La Policía y el  Coronel Remón estarán frente a una  disyuntiva histórica: la Policía desempeñará en papel de organismo avanzado de la conformación y fortalecimiento del Estado Nacional autónomo, o por el contrario continuará como establecimiento político militar para fortalecer las relaciones de dependencia. No obstante,   podría ser a la vez,  una  fuerza represiva retardataria de las aspiraciones del pueblo.

 

La dualidad militarismo-militarización  se pone de manifiesto cuando, mediante el fortalecimiento del aparato armado nacional se imprime mayor fuerza y eficacia al componente represivo como respuesta a la organización de los movimientos populares. La lucha por la reivindicación de la soberanía nacional seriamente afectada por la entrega de territorios para sitios militares y,  los reclamos populares ante  la crisis económica  de la postguerra, generan manifestaciones populares legítimas, que son producto de los avances de la intelectualidad. La creación de la  Universidad de Panamá y la maduración de una  nueva generación de panameños con conciencia crítica provocarán inquietudes  en la sociedad.

 

“Para los intelectuales formados en el extranjero, la militarización chocaba a sus espíritus demoliberales modelados en las Universidades de Francia, Inglaterra y Chile, donde con preferencia acudían. La izquierda radical, comprendidos los estudiantes, consideraban la nueva orientación de la policía como obra del imperialismo y de la oligarquía, destinada a frenar el desarrollo del movimiento popular y el avance notorio en aquella época, de las ideas progresistas.”[35]

 

Los sectores más atrasados de la oligarquía panameña ven en el  militarismo,  que toma forma a partir de 1943, la oportunidad de conservar su patrimonio político y, la garantía de sus ventajas económicas en la relación con la Zona del Canal.  Por lo pronto, en esta etapa, la continuidad en la Comandancia de un personero de las elites político- oligárquicas los mantiene tranquilos. Es importante recordar que el Presidente Ricardo Adolfo de la Guardia mantiene a Rogelio Fábrega como Comandante titular de la Policía entre 1941 y 1947.

 

Aunque la reorganización de las fuerzas armadas nacionales, tal como la concebía Remón, poseía un considerable matiz nacionalista, que era producto de la historia  de injerencia e iniquidad desarrolladas a través de la existencia de la Policía panameña, la población panameña y especialmente, los grupos organizados de la sociedad, dudaron en extremo de la  voluntad sana de fortalecer en Estado Nacional y crear una institución independiente  que ayudara a darle orgullo al decaído nacionalismo panameño.  Por el contrario, para las organizaciones populares y la población en general, la Policía, fortalecida por Remón, no venía a ser otra cosa que la caracterización de la represión interna, y en lo externo, confirmar el papel de nuestro cuerpo armado de seguir siendo un  apéndice del organismo hegemónico estadounidense de postguerra en Panamá y en América.

 

En 1945, durante el periodo crítico de la postguerra en Panamá, el periódico conservador La Estrella de Panamá, que muy ocasionalmente se mostraba en desacuerdo con la posición del gobierno nacional, al referirse a recientes declaraciones del Presidente Enrique Jiménez, en las que defendía a los Comandantes de la Policía, editorializaba así: “El mal que dejamos apuntado y que puede llegar en el futuro a producir desagradables consecuencias, tiene a  nuestro juicio como causa, la creciente militarización de la Policía Nacional y el poderoso armamento de que dispone. Nosotros, dicho en honor a la verdad, no necesitamos para nada contar con un ejército potentemente armado…”[36]

 

Previo al ascenso de Remón como Comandante titular de la Policía Nacional en 1947, ya él  había desarrollado una intensa tarea de fortalecimiento técnico, logístico, entrenamiento y de bienestar en el cuerpo armado. Existía un mayor espíritu de cuerpo;  sus miembros lograron mejores condiciones de vida (viviendas, esparcimiento, seguridad,  créditos, etc.) Disfrutaban de mayor injerencia política y económica en los asuntos estatales. Los Comandantes y oficiales ya figuraban en la vida social y tenían oportunidades de participar en actividades que antes les eran vedadas. 

 

El mismo Remón había adquirido un poder incuestionable en la vida política del país. Sus recomendaciones y peticiones eran ineludibles. Había conducido al cuerpo policial por los escabrosos años de  inestabilidad y desasosiego  del gobierno de Ricardo Adolfo de la Guardia y había mantenido seguros a los intereses de la oligarquía panameña, en periodo en que los grupos organizados populares exigían un mejor gobierno [37]

 

Remón reemplaza a Rogelio Fábrega como Comandante el 14 de febrero de 1947. Sorpresivamente,  Fábrega  es enviado a Nueva York como Cónsul. Todo hace suponer que el ascenso de Remón  era cónsono con la influencia que el Coronel había adquirido dentro del gobierno,  y obviamente,  se había convertido en una pieza clave para manejar con éxito las políticas estadounidenses de la guerra fría. El 16 de febrero, a pocas semanas del  encumbramiento de Remón en la Comandancia, la Junta Interamericana de Defensa con sede en Washington envía  recomendaciones a los ejércitos de las repúblicas americanas, entre las que sobresalen: la adopción de reglas Standard de materiales de entrenamiento, uniformidad en los equipos,  el canje de oficiales de los ejércitos y, que las bases militares debían ser usadas en común  por todas la fuerzas armadas de América.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONCLUSIONES

 

 

Limitada  por la injerencia militar estadounidense,  desde el principio de la República, la Policía Nacional juega un papel denigrante en los primeros treinta años de nuestra vida republicana. La presencia opresiva de los militares gringos en la Zona del canal, generó una percepción de sometimiento de nuestra fuerza pública.  Los contantes enfrentamientos entre policías nacionales y soldados zoneitas crearon un clima de tensión temprana entre las dos instituciones. Como consecuencia de esos incidentes,  siempre los policías nacionales eran declarados culpables de abusar de los soldados extranjeros.

Eso no era cierto pero se imponía por la fuerza el sometimiento de los nacionales. Finalmente, esto derivó en el desarme de la Policía Nacional, para convertirse en un cuerpo de “pito y tolete.”

                                                                      

A partir de la década de 1930, y especialmente con el gobierno de Harmodio Arias, la Policía Nacional empezó a formarse institucionalmente y a manifestar algún sentido de pertenencia e identidad. Los gobiernos de la década de 1940 vieron a la Policía como custodia de los intereses políticos y económicos de las clases dominantes de Panamá. La Policía cumple ese papel hasta el punto de ser deliberante en los problemas interpartidarios y en los conflictos entre políticos del país.

 

Con el Coronel  Remón a partir de 1947, la Policía Nacional empieza a convertirse en un cuerpo militar disciplinado y con potestad de tomar partida en los conflictos internos. La policía, con Remón como Comandante deja de ser una amalgama de miembros inermes sujetos a los caprichos foráneos o apetitos de los politiqueros para convertirse en un verdadero árbitro de las políticas nacionales.

 

El presente trabajo recopila abundante información y analiza las transformaciones institucionales de la Policía Nacional en Panamá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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